Turismo en Soria: tres días para descubrir una provincia que sorprende

Hay viajes que se hacen para tachar lugares de una lista y otros que sirven, simplemente, para parar. Mi escapada a Soria durante tres días, coincidiendo con San Saturio, patrón de la ciudad, pertenece claramente al segundo grupo: unos días para recorrer la provincia, hacer fotografías, descubrir pueblos y paisajes y, sobre todo, desconectar del ritmo y el estrés de la ciudad.

Y si algo tiene Soria es precisamente eso: espacio, tranquilidad y una enorme cantidad de rincones que descubrir sin necesidad de recorrer grandes distancias.

Qué ver en Soria

La capital merece una visita tranquila. El Duero es uno de los grandes protagonistas de la ciudad y recorrer sus orillas permite llegar hasta uno de sus lugares más emblemáticos, la Ermita de San Saturio, construida sobre una cueva junto al río. Es, además, uno de esos lugares especialmente agradecidos para la fotografía.

Muy cerca encontramos el Monasterio de San Juan de Duero, uno de los mejores ejemplos del románico soriano, con un claustro de formas realmente singulares. También merece la pena acercarse a la iglesia de Santo Domingo, pasear por el centro histórico y visitar el Museo Numantino para conocer la historia de la provincia y, especialmente, el mundo celtíbero.

Soria está además muy ligada a la literatura. Los paisajes del Duero y la ciudad están inevitablemente asociados a Antonio Machado, algo que se percibe mientras se recorren algunos de sus rincones más conocidos.

Naturaleza y fotografía: uno de los grandes atractivos de Soria

Para quienes disfrutamos haciendo fotografías, la provincia ofrece muchísimo juego. La Laguna Negra y la Sierra de Urbión, los pinares, el nacimiento del Duero, el Cañón del Río Lobos o la Fuentona de Muriel son algunos de esos lugares donde merece la pena guardar la cámara y, de vez en cuando, simplemente mirar.

El Parque Natural del Cañón del Río Lobos combina enormes paredes calizas, vegetación y fauna, mientras que la Laguna Negra ofrece uno de los paisajes más reconocibles de la provincia. Son espacios que muestran una Soria muy diferente a la de sus ciudades y pueblos medievales.

Pueblos de Soria que merece la pena visitar

Una de las mejores formas de conocer la provincia de Soria es coger el coche y perderse por sus carreteras. En un radio aproximado de 50-70 kilómetros alrededor de la capital encontramos auténticas joyas.

Calatañazor es probablemente uno de los pueblos imprescindibles. Sus calles empedradas, casas tradicionales, murallas y restos del castillo conservan un marcado carácter medieval. Muy cerca se encuentran además el Sabinar de Calatañazor y la Fuentona.

Otra parada imprescindible es El Burgo de Osma, con su espectacular catedral, sus calles porticadas y el conjunto histórico de una de las villas más interesantes de la provincia.

Medinaceli, situada sobre un cerro, ofrece otro de los grandes atractivos de la provincia: su famoso arco romano de tres vanos, además de un interesante conjunto histórico en el que se mezclan las huellas romana, árabe y cristiana.

También merecen una visita San Esteban de Gormaz, Berlanga de Duero, Almazán, Vinuesa y Garray, donde se encuentra el yacimiento arqueológico de Numancia. Berlanga, además, permite acercarse a otro de los tesoros sorianos, la ermita de San Baudelio, una auténtica joya del arte prerrománico y mozárabe.

Y para quienes quieran ampliar todavía más la ruta, lugares como Gormaz, Caracena o Tiermes permiten descubrir una Soria más desconocida, marcada por castillos, restos arqueológicos y pequeños pueblos donde el tiempo parece avanzar a otra velocidad.

Comer en Soria: los torreznos son casi una obligación

No se puede hablar de turismo en Soria sin hablar de gastronomía. Y aquí hay un protagonista indiscutible: el torrezno.

Crujiente por fuera, jugoso por dentro y elaborado tradicionalmente con panceta de cerdo, es uno de los productos más característicos de la gastronomía soriana. Pero hay mucho más: cordero y cabrito, productos de la matanza, setas, mantequilla y otros productos tradicionales forman parte de una cocina ligada al territorio.

Después de un día recorriendo pueblos, haciendo kilómetros y cargando con la cámara, sentarse delante de un plato de torreznos tiene algo de recompensa oficial del viajero.

Soria, una provincia para recorrer sin prisas

Quizá ese sea precisamente el mayor atractivo de hacer turismo en Soria. No es un destino que necesite ser recorrido corriendo. Al contrario.

Es una provincia para madrugar y salir a fotografiar con la primera luz, para desviarse hacia un pueblo que aparece en el camino, caminar junto al Duero, entrar en una iglesia románica, descubrir un castillo o sentarse a comer unos buenos torreznos.

Tres días apenas sirven para empezar a conocerla. Soria tiene historia, naturaleza, patrimonio, gastronomía y, sobre todo, ese tipo de tranquilidad que cada vez resulta más difícil encontrar cerca de las grandes ciudades.

Y quizá por eso, después de unos días por tierras sorianas, uno vuelve a casa con la sensación de haber hecho algo más que turismo: haber desconectado de verdad.


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