En éste mes y medio que llevo confinado en casa por el Coronavirus, me ha dado tiempo a pensar, analizar y reflexionar muy mucho sobre la estupidez humana.

Por más que nos RECOMIENDAN quedarnos en casa y evitar encuentros sociales para no aumentar los contagios por Covid-19, he visto de todo a través de mi ventana, personas que buscan todo tipo de EXCUSAS (por encima de su salud) para salir a la calle a dar una vuelta, desde los salen tres veces a comprar y otras dos a tirar la basura, los que aprovechan la salida del perro para quedar con el repartidor de TeleDroga y «pillar» un gramo de coca, los que se cuelan en un portal  para beberse una litrona de cerveza al mismo tiempo que se fuman un porro -todos ellos sin mascarilla, sin guantes, y mientras se pasaban el porro de uno a otro (como hacían antiguamente los yonquis con las jeringuillas),- los que animan a sus hijos a jugar con la pelota mientras el perro libera sus intestinos en la parte baja de una farola y se marchan sin recoger el regalito.

Todavía hay gente, que piensa que ésto es el juego del Policía y el ladrón, o simplemente, quieren auto-demostrase a sí mismos que son los más listos y machotes del barrio, que a ellos no les manda nadie y pueden hacer lo que quieran, personas antisistema, que se niegan a acatar las normas de convivencia que nos ha impuesto el Gobierno por el bien común, en resúmen, personas que se pasan todo por arco del triunfo; personas insolidarias ante todo, que no sólo ponen en riesgo sus vidas, sino que ponen en riesgo las nuestras y las de nuestras familias. A toda esa gente, les obligaría a realizar trabajos forzados en las UCIs de los hospitales que estén más saturados por Covid-19. Si no les da miedo «el bicho«, al menos que hagan algo productivo.

Hoy Dos de Mayo, día uno de la Fase 0 de la «desescalada«, ha sido mi primera salida después de casi dos meses de confinamiento en casa.

Mis primeras impresiones han sido buenas (CON RESPECTO AL COMPORTAMIENTO DEL PLANETA EN NUESTRA AUSENCIA). Me ha sorprendido gratamente la capacidad que tiene la naturaleza y el planeta en general para recuperarse y regenerarse de las acciones y agresividad de la raza humana.

Vivo cerca del Río Tajo y no he podido resistir la necesidad de visitar uno de mis rincones favoritos: Los Sifones y el entorno del Río Tajo, me ha llamado especialmente la atención la cantidad de pájaros cantando, se les notaba felices, también he observado la cantidad de flora que ha brotado durante éstas semanas de ausencia humana (coincidiendo con la Primavera).

Cuando iba por la mitad del Puente de Hierro, me ha dado la impresión de ver el agua ligeramente más limpia, pero sobre todo, lo que más he notado ha sido la intensidad del olor a campo, ese olor a primavera, un olor más fuerte, sin contaminación, hoy, el campo olía a campo, las flores desprendían un aroma que hacía muchos años que no experimentaba, hoy el campo olía como aquellas primaveras de los años 80.

Durante éstas semanas, la paralización de la actividad laboral y la prohibición de usar los vehículos han provocado la recuperación parcial del planeta. La calidad del aire ha mejorado mucho. La ausencia de contaminación me ha permitido ver a lo lejos con gran claridad la Sierra de Gredos. Según he leído, incluso se ha cerrado el agujero de la capa de ozono del Ártico (leer noticia).

Los pajaros son felices, la naturaleza ha recuperado parte del terreno que el ser humano le ha ido robando poco a poco durante las últimas décadas. Algunas amapolas incluso han luchado contra el duro hormigón de la ciudad para brotar y dejarnos ver su alegre rojo vivo.

Pero llegó el primer día de la fase cero, la desescalada es un hecho y ya está aquí, el planeta vuelve a echarse las manos a la cabeza, los pájaros y animales vuelven a tener miedo,  la raza humana vuelve a las calles y no ha aprendido nada de ésta triste e insólita situación.

El planeta nos está gritándo, nos dice que ésto no puede seguir así, pero los humanos sólo pensamos en nosotros mismos, en nuestra comodidad, en

 nuestro bienestar, y los que vengan detrás, que arréen… y así nos va.

En mi primera salida, he despertado y vuelto a ver el lado más oscuro e irrespetuoso del ser humano. Individuos que presumen y usan a sus perros como excusa para salir a la calle, pero sin vergüenza para recoger sus excrementos; individuos que a pesar de las indicaciones de Sanidad, tiran sus mascarillas desechables en la vía pública exponiendo al resto de viandantes.

Mientras miles de personas luchan, trabajan y se dejan la vida por cuidarnos, por mantenernos a salvo, por mantener el orden público, por mantener limpias nuestras calles, para suministrar alimentos, medicamentos y bienes de primera necesidad, otras se piensan que estamos jugando a CALL OF DUTY: si te matan pulsas NUEVA PARTIDA y a empezar de nuevo.

Tendrán que venir cientos de crisis sanitarias más o sufrir el Covid-19 en sus propias carnes para que abandonen éstas conductas.

Para terminar el artículo, sólo quiero decir tres cosas:

  • Dar mi pésame a todas aquellas familias que han perdido algún ser querido y no han tenido la oportunidad de acompañarle en sus últimos momentos ni despedirse.
  • Agradecer a todas los profesionales y voluntarios por su labor mientras el resto -o sólo algunos- tratamos de contener ésta pandemia con nuestra prudencia.
  • Expresar mi repulsa y rechazo hacia los insolidarios que aprovechan éstas situacones para aprovecharse de personas indefensas y/o desfavorecidas, para robar o simplemente para realizar actos que van en contra del civismo, la ética y el bien social.

MUCHA PRUDENCIA y disfrutad de la «desescalada«.


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